Felizmente melancólica, aquí me arrastra la tonada de su dulce y venenosa voz, si pudiera amarle, lo haría. Pero no es factible amar a quien no conoces, a quien miras a lo lejos en la vitrina, quien te enamora con su talento, con el ritmo de su corazón. Porque al final cuando se hace música, nuestro corazón es el metrónomo.
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